σκοτεινός καθηγητής φιλοσοφίας
(O
DE SÓCRATES Y LA FIGURA DEL FILÓSOFO)
Escrito por
Negro Phillip
Dramatis
personae:
Oscuro profesor de filosofía,
Estudiante
ESTUDIANTE.- Ayer por
la tarde, después de haber concluido la lectura de la Apología de Sócrates de
Platón sostuve una charla con algunos compañeros estudiantes de filosofía. A lo
largo de la discusión me han surgido algunas cuestiones que me tienen, aún hoy,
sumido en la inquietud.
OSCURO
PROFESOR DE FILOSOFÍA.- Excelente, me parece muy bien que te encuentres en ese
estado.
EST.-
¿Pero, cómo dices eso? ¿Te parece bien que una persona, por cualquier motivo,
se encuentre en semejante situación; qué no halle tranquilidad porque las dudas
le acechan?
OPF.-
Así es. Cuando alguien cuestiona alguna cosa es porque le ha causado un
desequilibrio interno que lo lleva a no aceptar de manera inmediata aquello que
se le ha presentado. El cuestionamiento procede de la duda, y ésta, a su vez de
la sorpresa, inquietud o desequilibrio que provoca enfrentarse a algo
desconocido y esto, querido alumno, es el principio de la filosofía. Ya lo ha
mencionado Aristóteles, en el libro alfa de la Metafísica: διά γάρ τό θαυμάζειν
οί άνθρωποι καί νυν καίτό πρώτον ήρξαντο
φιλοσοφεΐν1[1].
Pero dime ¿sobre qué asunto tratado en la Apología te han surgido esas
inquietudes que te aquejan?
EST.-
Es precisamente sobre el tema que ahora mencionas. Al estar dialogando sobre la
acusación que pesaba sobre Sócrates de impiedad y corrupción de la juventud,
éste señala que hay acusaciones presentes y acusaciones pasadas que le han
ganado tal fama. Al hablar sobre las acusaciones pasadas hace una referencia
directa al comediante Aristófanes, que, en Las
Nubes, retrata a un Sócrates “culpable de indagar impertinentemente las
cosas subterráneas y celestiales, y de hacer pasar por más fuerte el argumento
más débil, y enseñar a otros estas
mismas cosas”[2].
Esta imagen de Sócrates, que no sé si sea una falsa acusación o corresponda con
la verdad, lo muestra como uno más de esos pensadores anteriores a él, los
llamados físicos, que se entusiasmaron en el estudio de la Naturaleza. Además,
la acusación hace ver a Sócrates como uno más de los llamados sofistas. El
hecho de que Sócrates fuera o no un físico o un sofista carece, a esa
conclusión llegamos, de relevancia; lo más importante que encontramos es que
tanto los unos como los otros, físicos y sofistas, no son considerados en la
tradición filosófica como filósofos; es decir, que, con esta comparación
surgida de la opinión común que se tenía sobre Sócrates, se pone en duda la
condición de él mismo como filósofo. Las dudas que surgen de inmediato se
pueden presentar de la siguiente manera: ¿era Sócrates un filósofo o un mero
charlatán?, ¿es adecuado el adjetivo de filósofo?, ¿si Sócrates es, entonces,
filósofo, cómo podemos distinguirlo de los físicos y de los sofistas, o es
acaso que también estos lo son?, en fin ¿cómo es entendida desde este contexto
la filosofía y al filósofo?
OPF.-
Jajajajajamás pensé que alguno de mis estudiantes se preguntara esas cosas. La
gran mayoría de los que han pasado por las aulas donde doy clase asumen que
Sócrates es la imagen modelo del filósofo y, aún más, que saben el porqué. Así
es, Sócrates ha pasado a la historia de la filosofía como el ejemplo del
filósofo que ha marcado definitivamente la noción que se tiene de tal manera de
ser del hombre; en este sentido, es como tradicionalmente se le distingue de
los físicos que, de hecho, reciben de manera un tanto pretenciosa de “presocráticos” en un afán de delimitar el
alcance de su pensamiento y de su forma de ser del de aquellos. Asimismo, y
esto por obra casi exclusiva del divino Platón, se le ha confrontado con los sofistas,
haciendo de ellos la parte negativa del quehacer del pensamiento en la Atenas
clásica. De hecho, ante tal contraposición, la sofística ha caído a lo largo de
la historia de la filosofía en una concepción que hace ver a quien se dedicaba,
o se dedica, a ello como un verdadero anti-filósofo, en el más pleno sentido
peyorativo del término.
A
partir de esto, se ve a Sócrates como la guía que puede mostrar los caminos por
los que se puede iniciar la filosofía; pero, efectivamente, habrá que pensar si
la actividad a la que se dedica el partero de almas puede ser entendida como
filosofía, tomando en cuenta que el término φιλοσοφία cobra autonomía y
vigencia, como un sustantivo que denota un contenido propio, hasta las obras de
madurez del mismo Platón. Es sólo hasta entonces que puede entenderse a la
filosofía como una forma específica de conocimiento y como la manera de llegar
a ese conocimiento. El Sócrates de los primeros diálogos platónicos, como la
Apología misma, no concibe algo así como “la filosofía” pues implicaría haber
llegado a la definición de ese algo en términos conceptuales y estáticos, cosa
muy alejada de las pretensiones socráticas. En su lugar, el Sócrates de estos
diálogos, que es donde se muestra el verdadero carácter de este personaje, es
un hombre de acción, alguien que se define a sí mismo como un buscador
permanente; esa es la actitud de τῶν φιλοσοφούντων, los que filosofan, los que
hacen filosofía, no de los que saben filosofía.
Pero
volvamos a tus inquietudes, porque veo que mientras hablo, tu semblante va
cambiando y tienes ahora una cara que muestra un gran desconcierto. Tratemos de
resolver esas inquietudes. ¿Te parece?
EST.-
Precisamente estaba a punto de interrumpir tu disertación para pedirte que
explicaras las dudas que van surgiendo y que se agregan a las que ya tenía
anteriormente.
OPF.-
Me parece justo atender a tu demanda. Pero bien, hay que organizar
adecuadamente la forma de proceder y argumentar a fin de que tanto tú como yo obtengamos
de esta charla lo más provechoso para ambos: tú, que de ser posible, resuelvas
tus dudas e inquietudes; yo, que las aumente aún más
EST.-
Es raro lo que dices en torno a tu objetivo, pero está bien, no cuestiono eso.
Ahora bien ¿qué propones que hagamos?
OPF.-
Que empecemos por lo fundamental, ascendiendo hasta lo complejo para ver si
llegamos a un acuerdo sobre estas cuestiones.
EST.-
Me parece bien.
OPF.-
Empecemos, entonces, con miras a determinar la condición del filósofo tratando
de encontrar si es que hay algo que se pueda llamar “filosofía” y en qué
consiste; si lo logramos, podremos avanzar al análisis de qué es “filosofar”
para, finalmente, encontrar si es que este Sócrates hacía filosofía, es decir,
si era filósofo. ¿Te parece si lo hacemos al estilo socrático de pregunta y
respuesta? Ya que este proceder nos podrá llevar a dos cosas: a la búsqueda de
las definiciones que acabamos de mencionar y a la comprensión efectiva del
proceder de nuestro personaje.
EST.-
Me parece bien.
OPF.-
Procedamos entonces. ¿Te parece que el término “filosofía” remite a algún
contenido? Es decir, cuando decimos “filosofía” nos referimos a algo en la
realidad que puede ser aprehensible en el pensamiento y no sólo son sonidos
vacíos sin sentido, como las “palabras” que dicen los pericos que se entrenan
para repetir esos sonidos: es evidente que tales “palabras” carecen de sentido
para el animal en cuestión porque no es capaz de aprehender en su interior algo
a lo que se remita tal conjunto de sentidos. En cambio, los hombres cuando
enunciamos palabras lo hacemos porque cada una de ellas responde o representa,
ya sea en el habla o en la escritura, un conjunto de elementos o cualidades que
están como contenido en nuestro pensamiento y en el de quien escucha o lee y por
eso nos entendemos y comunicamos. ¿Es así?
EST.-
De acuerdo.
OPF.-
¿Entonces, cuando pronunciamos la palabra “filosofía” hay en nuestros
pensamientos y en los de los otros hombres algo a lo que remite tal palabra?
EST.- Por supuesto.
OPF.-
¿Y qué es eso a lo que remite la palabra “filosofía”, cual es el contenido de
tal término, o, lo que es lo mismo, qué sentido tiene la palabra para nosotros?
EST.-
Profesor, eso es muy fácil de responder; más aún en el contexto de los
pensadores griegos a los que nos estamos refiriendo. Filosofía es “amor por la
sabiduría”.
OPF.-
¡Demonios! Se ve claramente que has aprendido bien a repetir lo que en las
aulas se les dice a los neófitos en la enseñanza de la filosofía.
Efectivamente, tal es la etimología de la palabra; pero saber cuál es el origen
de la palabra no es lo mismo que saber el sentido o contenido de tal palabra.
Veamos, cuando decimos una palabra, pocas veces nos enfrentamos a una reflexión
seria sobre el sentido de la misma; lo que nos interesa es que tal palabra sea
útil para lograr la comunicación con quien queremos comunicarnos. Cuando
hacemos el esfuerzo, no precisamente de gran utilidad en la vida práctica, de
qué queremos decir con tal o cual palabra, nos encontramos con dificultades
serias. Si nos atenemos a su etimología, la comprensión de ello se verá muy
reducida, pues, como en el caso de nuestra lengua, la mayoría de las palabras
proceden de lenguas que ya no se utilizan como tales. Por ejemplo, la palabra
“hombre”, como es bien sabido, procede del latín homo-inis, que, según Isidoro
de Sevilla en sus Etimologías, deriva directamente de humus, “tierra”. Es claro
que la relación entre nuestra noción de hombre, al expresar tal término, y la
de tierra se escapa a nuestra comprensión inmediata y nos dice poco o nada
sobre el sentido de la palabra. Algo así sucede con la palabra “filosofía”; sus
raíces φιλíα y σοφία, son entendidas
desde una perspectiva muy limitada al tomarlas por “amor” y “sabiduría”, pues
habría que comprender cuál era el verdadero sentido que tenían ambos términos
en la lengua griega, tanto en su uso como en su significado real. Además, el
origen etimológico suele quedar desplazado en las palabras al hacerse de uso
ordinario y corriente, esto es, que su sentido evoluciona desde el origen hacia
nuevos significados. Ya Platón, en
la República, le da un nuevo uso a la palabra filosofía cuando dice que es τοῦ ὄντος
οὖσαν ἐπάνοδον3[3].
De esta manera, no hemos avanzado
demasiado con tal
definición; necesitamos exponer nuevamente la cuestión y tratar de
acceder a la denotación verdadera del término. Así que esfuérzate en el
pensamiento y trata de responder ¿cuál es el contenido, el sentido de la
palabra “filosofía”?
EST.-
Estoy de acuerdo contigo, la definición etimológica de “filosofía” no nos ha
ayudado mucho. Bien, trataré de expresar mejor el sentido de la palabra
apelando al propio Sócrates. En la Apología, cuando se defiende de las
acusaciones pasadas que lo equiparan a los sofistas, señala que, a diferencia
de ellos y de los que se presentan como sabios, él reconoce la ignorancia
propia, que su saber consiste, precisamente, en saber que no sabe; eso lo
impulsa buscar constantemente el saber, la sabiduría. Por eso, digo ahora que
filosofía es la “búsqueda de la sabiduría”.
OPF.-
Muy bien. Tal manera de entender el sentido del término da un nuevo giro a
nuestros argumentos, pues al incorporar en el contenido la palabra “búsqueda”
se va más allá de la simple significación de “amor” de la etimología. Pasamos
de la φιλíα como afecto que nos lleva a la noción de amistad a otra cosa
distinta. Analicemos esto. ¿Podemos entender la búsqueda como un acto
consciente o como mero impulso?
EST.-
Como un acto consciente.
OPF.-
Todo acto consciente se determina por lo propio de ese acto que lo distingue de
cualquier otro acto. Hablar se distingue de escribir por los actos de hablar y
de escribir, que son distintos uno del otro aunque los dos son actos
conscientes. ¿Es así?
EST.- Así es.
OPF.- Entonces a la búsqueda le corresponde el acto consciente de buscar.
EST.- Si.
OPF.-
Sin embargo, el acto de buscar, al ser consciente, debe tener como principio un
objetivo, buscar algo, si no, sería un acto de buscar por buscar, sin buscar
algo.
EST.-
De acuerdo.
OPF.-
Cuando hablamos, hablamos algo; cuando escribimos, escribimos algo. Esto es lo
que puede ser hablado y escrito. ¿Si?
EST.-
Sí.
OPF.- Entonces, ¿Cuándo buscamos, buscamos algo, lo que puede ser buscado?
EST.-
Claro.
OPF.-
El buscar, de acuerdo con esto, tiene que ser un buscar algo que pueda ser
buscado. Es algo así como la búsqueda del excavador de minas que busca oro.
Tienen que tener un saber previo de aquello que buscan y que puede ser buscado
para que busquen en cierto lugar y de cierta manera. Porque no es lo mismo
buscar oro en un desierto o en una montaña. El buscador de oro sabe que es más
probable encontrar oro en la montaña que en el desierto. Y tampoco es lo mismo
excavar la mina en la montaña desde un lugar elegido al azar que desde un lugar
en que se sabe hay una veta del metal. Si no se toman en cuenta estos saberes
sería como lo dijo el Gran Oscuro: “Los buscadores de oro cavan mucha
tierra y encuentran poco”[4].
Así que, ¿para buscar lo que busca la filosofía, habrá que saber previamente dónde buscar y
cómo buscar?
EST.-
Me parece que así debe de ser.
OPF.-
Lo que busca la filosofía ¿dónde lo busca y cómo lo busca?
EST.-
Difícil pregunta Profesor. Pero creo poder responderla. Lo que busca la filosofía
lo busca en el pensamiento y lo hace utilizando el pensamiento.
OPF.-
Vaya. Sale a la luz el λóγος griego. No nos meteremos en la tarea de aclarar el
término, tal vez en otra ocasión lo hagamos. Hay que reconvenir entonces a
partir de la respuesta que acabas de dar.
EST.-
Bien.
OPF.- ¿Es en el pensamiento donde se busca lo que la filosofía busca?
EST.- Si, así
lo creo.
OPF.-
¿Tendremos que ir al pensamiento para buscar, como va el recolector al manzano
cuando busca manzanas?
EST.-
Sí.
OPF.-
¿Y cómo es que se va al pensamiento? ¿Es acaso éste algo que implique un
desplazamiento de todo el ser, cuerpo y pensamiento, hacia él?
EST.-
No me lo parece. Más bien es algo que está en cada ser humano e ir hacia él es
ir hacia sí mismo; ¡si, el pensamiento es algo interno al cual vamos haciendo
una introyección!
OPF.-
Muy bien. Lo que acabas de decir es el acto de la reflexión, o σκεφτείτε para los griegos, que nos permite pensar
detenidamente en algo con el fin entenderlo mejor. Y es, efectivamente un acto
que hace que uno se curve, flectum, hacia sí mismo. Entonces, la búsqueda de la
filosofía es, en principio un acto de reflexión que lleva al pensamiento a sí
mismo.
EST.-
Más claro no puede ser.
OPF.-
Pues bien, falta resolver aún algo más sobre este asunto.
EST.-
¿Y qué es?
OPF.-
Saber si el pensamiento que se vuelve sobre sí mismo para buscar lo que busca
la filosofía puede encontrarlo ahí y cómo.
EST.-
Tienes razón.
OPF.-
Reflexionar es un acto que puede realizar cualquier ser humano. Como cuando el
herrero piensa sobre la cantidad de acero blando que pondrá en la forja para
que su cuchillo sea bueno. O como cuando el que viaja en el autobús piensa para
sí mismo cuál será la mejor manera de llegar a tiempo a su destino. Así, la
filosofía, cuando se reflexiona, tiene que tener un contenido específico que la
distinga de cualquier otra reflexión. Porque si no es así, podemos decir que la
búsqueda de la filosofía es tan ordinaria como cualquier reflexión que se
suscite en la vida cotidiana. ¿Es así?
EST.-
¡De ninguna manera! La búsqueda de la filosofía es algo que rebasa lo
ordinario, que eleva al pensamiento a otros niveles…
OPF.- Espera, espera. Veamos con calma el asunto.
EST.- Está bien, me ofusqué un
poco.
OPF.-
No te preocupes. Es claro que la reflexión filosófica versa sobre asuntos que
están fuera del orden del pensamiento ordinario.
EST.-
Sí.
OPF.-
El pensamiento ordinario versa sobre las cosas que acaecen en lo particular,
sobre las cosas concretas. Cada uno de nosotros pensamos cosas que tienen que
ver con las experiencias particulares que atañen a cada uno. Así , cuando
decimos que reflexionamos sobre un mismo asunto, como la muerte de Sócrates por
ejemplo, cada uno lo hace desde un contexto diferente; las conclusiones y
valoraciones a las que llegue cada uno partirán desde sus propias experiencias
y esquemas de pensamiento que harán que su reflexión sea particularmente
distinta a la de los otros.
EST.-
Eso es cierto.
OPF.-
¿Diremos, entonces, que las reflexiones ordinarias no corresponden con la
búsqueda de la filosofía?
EST.-
Sí.
OPF.-
¿Con que se corresponde entonces la búsqueda de la filosofía?
EST.-
La reflexión filosófica tiene que buscar ir más allá de lo particular, de las
opiniones personales y tratar de llegar a la verdad sobre algo.
OPF.-
Bien. Ahora tenemos como resultado que la filosofía es una reflexión que busca
la verdad.
EST.-
Así es.
OPF.-
La verdad es el objetivo de la filosofía, según acabamos de decir. Ahora, hay
que apuntar hacia la otra parte de la búsqueda.
EST.-
¿Cómo? ¿Qué quieres decir?
OPF.-
Que si la filosofía busca la verdad y lo hace a través de una reflexión, esta
reflexión no tiene que ser ordinaria como dijimos.
EST.-
Sí.
OPF.-
Quiere decir que la reflexión filosófica, con miras a llegar a la verdad, tiene
que proceder de un modo diferente al pensar ordinario. Es decir, que tiene que
haber una manera específica de pensar que pueda llamarse reflexión filosófica y
que tendrá que ser diferente a cualquier otra forma de pensar. Así se
distinguirá el acto de la filosofía de cualquier otro acto del pensamiento.
EST.-
Me parece correcto ese planteamiento; sin embargo, no sé cómo podamos llegar a
encontrar ese “cómo” que hace al acto filosófico distinto de cualquier otro
pensamiento.
OPF.-
Tratemos, al menos, de apuntar algunas cuestiones que nos ayuden a comprender
en qué consiste.
EST.-
Sea pues.
OPF.-
Sigamos al buen Sócrates en esto.
EST.
Me parece bien, ya que él es el motivo de esta charla.
OPF.-
Cuando Sócrates se da a la tarea de indagar sobre el oráculo délfico en
relación a su supuesta sabiduría, interroga a varios personajes que se asumían,
y eran asumidos, como sabios en alguna de las formas de ser propias del mundo
griego; es decir, que se supone que saben aquello que dicen que saben. Las
cuestiones que les plantea llevan al desarrollo de una forma de actuar propia
de Sócrates y que él concebía como el arte de ayudar a “dar a luz”. Es
interesante esta metáfora socrática, pues el hecho de “dar a luz”, parir, se
puede interpretar de dos maneras diferentes. Una es que algo que está al
interior de otra cosa emerge a un nuevo estado de autonomía y particularidad, se
separa de aquello de lo que emerge y se constituye como un ser individual.
La otra, que es más
importante para nosotros, es la de sacar algo de la oscuridad y ponerlo en la
luz, hacerlo visible. Este sentido de la metáfora mayéutica lo podemos llevar a
lo que estamos indagando: Nuestro pensamiento es un cúmulo inmenso de ideas que
están permanentemente en estado de con- fusión, sin separase unas de otras; la
actividad propia del λóγος es dar orden y estructurar las ideas para que tengan
algún sentido y referencia con la realidad. El orden de las ideas en el
pensamiento hace posible al ser humano y a la realidad misma; pero, en
definitiva, el orden común tiene niveles en los cuáles se puede ver distinto
grado de complejidad. Los griegos, como Sócrates, utilizaban una palabra
hermosa para referirse a una forma del pensamiento que podemos relacionar con
la reflexión filosófica: θεωρία. Este término se puede entender como
contemplación, meditación, especulación;
procede de qewrein que quiere decir “espectador”, y
este, a su vez, de qewreo,
“yo veo”. El sentido es
muy claro, teorizar, meditar,
reflexionar, es ver algo con el pensamiento, hacerlo visible, esto es, ponerlo
a la luz del pensamiento para contemplarlo cabalmente como verdad.
Así,
el arte de la mayéutica socrática es el de hacer claros los pensamientos en pos
de la verdad.
Pero
dejemos estas disquisiciones y volvamos al tema. El proceder socrático permite
llegar a clarificar los pensamientos para tratar de llegar a la verdad. ¿Es
así?
EST.-
Si, así es.
OPF.-
¿Pero, cómo lo hace? No me refiero al proceder frente a los otros, a la serie
de preguntas y respuestas que caracterizan el actuar de Sócrates. Me refiero,
al ámbito del pensamiento. ¿Cómo ordena su pensamiento Sócrates para llegar a
visualizar, a contemplar la verdad por encima de las simples opiniones?
EST.-
Tendremos que hacerlo juntos, porque yo no tengo una respuesta ahora mismo.
OPF.-
Esta bien. Tratemos de hacerlo. ¿Cuándo Sócrates indaga, busca llegar a la
verdad sobre algo?
EST.-
Si, en eso dijimos que consistía la búsqueda de la filosofía.
OPF.-
Pero también dijimos que la indagación no era sobre cosas ordinarias y
particulares, sino sobre cosas de otro nivel. Sócrates expresa siempre el deseo
de indagar sobre lo general, no sobre lo particular. Como cuando pregunta sobre
el bien, no pregunta sobre lo que es bueno sino sobre lo que hace que eso, y
todo lo que se puede considerar bueno, sea bueno. Es decir, pregunta por el
bien en sí mismo y no sobre lo que es bueno por efecto del bien
EST.-
Es cierto.
OPF.-
¿El pensamiento socrático parte entonces de lo múltiple, de lo diverso, para
tratar de llegar a lo uno, a lo universal?
EST.-
Sí.
OPF.- Al reconocer lo múltiple y diverso en relación con lo uno y universal, ¿podemos decir que aquello que es múltiple se hace común a partir de lo universal?
EST.- Me parece que si.
OPF.-
Y qué, ¿al pensar lo múltiple en relación con lo común no le llamamos nosotros
análisis, o descomposición, o disolución como decía Platón?
EST.-
Es correcto.
OPF.-
¿Entonces, el proceder de Sócrates, y la búsqueda filosófica, parten del
análisis de lo diverso?
EST.-
Caray, es cierto.
OPF.-
Todo análisis pretende agotar las posibilidades de comprensión de lo diverso;
es decir, que mientras más extensivo sea el análisis, mayor comprensión habrá
de lo común que tiene lo diverso. ¿Es de esta manera?
EST.-
Sí.
OPF.-
Pero, el análisis de lo diverso sería inútil si no llegásemos a establecer las
características de aquello que es común en todo lo diverso. Si hacemos un análisis es con el objetivo de llegar a
esclarecer, a ver, las cualidades de aquello uno que hace que lo diverso sea
común.
EST.-
Tienes razón.
OPF.-
Para llegar a establecer estas cualidades tenemos que hacer, en el pensamiento,
un acto de discernimiento y discriminación. Abstraemos las cosas que son
comunes a lo diverso y nos quedamos con ellas, mientras que las diferencias las
eliminamos. ¿No te parece así?
EST.-
Es claro ahora para mí.
OPF.-
Pues bien, a ese proceso de selección de cualidades es a lo que nosotros
llamamos síntesis en el pensamiento. Esta síntesis o reunión nos permite
identificar las cualidades comunes a lo diverso y tratar de establecer una
conclusión, o parcial definición, que nos permita elevarnos de lo común y disperso
a la homogeneidad de la verdad. Por lo menos, eso es lo que trataba de hacer
Sócrates.
EST.-
Si, ese es Sócrates haciendo filosofía.
OPF.-
Esto último que acabas de decir es una aseveración muy comprometedora. Tenemos
que acabar de discutir las condiciones bajo las cuales podemos decir o no que
Sócrates era filósofo o filosofaba. Aún nos falta por determinar la segunda
parte del término “filosofía” que hemos discutido. A saber, si la filosofía es
la búsqueda de la verdad a partir de la reflexión ordenada en el análisis y la
síntesis, tendremos que teorizar sobre
si esa verdad
que se pretende alcanzar en la
búsqueda la podemos llamar sabiduría. Sin embargo, creo que ese tema lo podemos
discutir en otro momento, cuando hayamos digerido e interiorizado,
reflexionado, lo dicho hasta aquí. Por lo pronto podemos decir que Sócrates era
filósofo y hacía filosofía en tanto que su acto consciente de búsqueda lo
llevaba a la reflexión sobre lo uno y universal.
EST.-
Me parece bien, creo que los argumentos que hemos puesto en la discusión nos
dan para pensar muchas cosas. Y ahora entiendo por qué decías que tu interés en
platicar esto era generar más dudas en ti.
[1] Pues
los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la
admiración”, Met. A, I, 982b 13-14.
[2] “Σωκράτης
ἀδικεῖ καὶ περιεργάζεται ζητῶν τά τε ὑπὸ γῆς καὶ οὐράνια καὶ τὸν ἥττω λόγον
κρείττω ποιῶν καὶ ἄλλους ταὐτὰ ταῦτα διδάσκων”. Apol. 19b-c
[3] “[…]
un camino de ascenso hacía lo que es”. Rep. VII, 521c.
[4] Heráclito.
(B22), “Χρυσὸν γὰρ οἱ διζήμενοι γῆν πολλὴν ὀρύσσουσι καὶ εὑρίσκουσιν ὀλίγον”.
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