jueves, 26 de marzo de 2026

SILENCIO


SILENCIO

 

Hay momentos de mi vida donde se detienen el pulso y el pensamiento. En ellos, me he sorprendido atisbando en lo más profundo de mi ser, en aquellas regiones de mi espíritu que creí haber dejado atrás. Solo en ese instante, que se vive como una eternidad, es donde puedo volver hacia las formas originarias que se mantienen escondidas bajo las fuerzas que imponen una forma de ser y sentir lo que llamo el mundo. Este se arma como una especie de laberinto intrincado donde los meandros de mi ser se proyectan a partir de las formas estructurales de un lenguaje que debo mantener en el orden de lo común para poder seguir siendo. Palabras y palabras solo cobran sentido cuando son pronunciadas en este mundo para y por otros, para hilar la realidad en la maraña de sentidos que hacen que las cosas sean cosas. Pero en ese apartado rincón oscuro de mi ser el silencio es la fuerza única, la potencia que ha aniquilado las formas ilusorias de lo real y las regresa a las formas simples. El silencio se muestra, entonces, como el fondo donde se pierde todo sentido, el pulso y el pensamiento, en una matriz vacía que contiene todo, absolutamente todo lo que puede decirse. El silencio guarda en sí la única palabra, de la cual, por emanación, surgen todas las otras palabras; en el silencio contemplo que yo soy la palabra y las palabras. Pero es necesario callar: solo hay que ver el silencio en el vacío simple de las cosas, en las flores muertas, en los cadáveres no sepultados, en la tierra negra y húmeda, en lo simple. Viendo en este vacío, en mi vacío, escucho el silencio… y callo. 


 

viernes, 6 de marzo de 2026

 

LA ÚLTIMA MIRADA DE LA VIDA

Sit tibi terra levis

Zenón de Citio, cuando accidentalmente cayó, le increpo a la tierra:  -"He aquí que vengo ya, ¿por qué me llamas?, yo le digo:- ¿por qué tardas tanto en llamarme?

Bien, ya estoy aquí. He llegado justo en el momento en que mi cuchillo está más afilado; me tarde un poco y fue difícil, pero lo logre: ahora nada me detendrá al cruzar el límite de mi carne, nada se opondrá entre mi sangre y el vacío que la espera ansiosa. Ni siquiera el miedo podrá ofrecer resistencia al filo devastador que pulveriza los tejidos de mi cuello. Ahora sí me entregaré a la oscuridad, beberé de la noche, caminaré con los que ya no están, pero siguen estando.

Todo este tiempo he reconocido que poseo un destino que me lleva más allá de mi propia voluntad, que me pone un pie en este mundo y el otro en un sitio incognoscible, indecible, invisible; todo este tiempo he sufrido porque mis pasos están divididos, porque no puedo poner los dos en el mismo lugar.  Siempre se ha mantenido algo oculto que se siente y se respira pero no se alcanza a comprender ni a mirar; eso es un móvil que llena momentos de soledad y de tristeza, desolación como vivencia esencial. Por eso estoy aquí, para reconocer el fondo del abismo y ser con él, para ver, sólo ver, aprender a ver.

 Porque la vida es mirar, recorrer los espacios configurando dimensiones y realidades, transfigurando las esencias en míseros objetos que se aniquilan mutuamente para lograr permanecer, cuando la permanencia es extinción. El mundo es mirada, es relación entre el ojo y lo descarnado, materialización de lo sublime en un telón de fondo que no existe, que lo inventamos. Es por eso que saque mis ojos en una época pasada: Edipo que reniega de aquello que mira y que le hace sufrir, que sacrifica su mirada y se vuelve a sí mismo para ver lo trágico de la existencia. Ojos en las tinieblas que no se recrean en las figuras de luz, que tragan en la nada la estructura de las cosas, ojos que no miran más; pero que tampoco ven, que no han logrado la visión. Ojos sin brillo, cuencas vacías que desintegran las moléculas y hacen de las tumbas su hogar; ojos que niegan y son negados: su vida ya no es de esta vida ¡comen con los dioses!, ¡los cuervos comen de ellos y los llevan volando al infinito!

La mirada ya no existe, el mundo ya no existe: no hay viento, ni fuego, ni agua, ni tierra; todo es caos, lo podrido y lo naciente unidos, el arriba y el abajo en uno sólo, no principio, no fin.

 ¡Pero no veo! ¡No nulifico la mirada, sigo reconstruyendo sombras en un telón de sombras!

Maldición de vidente que viaja al inframundo, pero no pertenece aún a él; maldición del que ama en las tumbas y que las tiene que abandonar desposeído. Por eso estoy aquí, por eso traigo en la mano mi cuchillo afilado, por eso desagarro con él esta mortaja que aún me cubre, por eso ahora empiezo a VER con otros ojos: los ojos de la muerte.

Nekromantik

jueves, 5 de marzo de 2026

 


No sólo has venido a mirar

sino a destruir

con la fuerza de un huracán incontrolable

            tus dedos son palomas que vuelan

en la inefable esfera de las animas

van arrastrando tras de sí

el turbio sudor

que emana de mi terrestre cuerpo

pero vuelan, y se alejan

            tus ojos traen la noche

el abrigo de la negra inconsciencia

la efímera posibilidad

de ser uno con las sombras

entretejidas con lodo y sangre

pero miran, y se cierran

            tu pelo es cascada alucinógena

donde se pierde el sentido de lo real

al abrir la raja de otro mundo

allá me has invitado

para desgarrar los horizontes

pero cae lustroso, y se borra

            tu cuerpo es elixir de lo tránsfugo

servido en cráneo de virgen

ofrece el placer de la savia joven

la lujuria de la perra

la ternura de la luciérnaga

pero se entrega, y se pudre

            tu imagen es la piedra en forma de diosa

que se construye y reconstruye

en las gamas del negro, el azul y el violeta

transformando en sus ciclos

todo lo que a acariciar alcanza

pero es forma, y se deforma

            tu boca es cálido aliento

y fecundidad de labios en laberinto

es sonrisa y es malicia

es tu lengua y tu vagina

diciendo y haciendo un ser anómalo

pero se cierra, y es tumba

            tu ausencia crea lo imposible

hace gemir los tallos secos

crecer las raíces en el cielo

hace vivir lo muerto ancestral

hace de las cuevas un sitio sagrado

pero vienes, y me tocas

            y cada vibración

cada nota de tu respiración inarmónica

destroza la parte sombría de mis venas

cada movimiento levógiro de tu corazón

seca poco a poco cada una de mis ramas

cada lágrima desconsolada de tu espíritu

arranca inmisericorde lo último de mi ser

cada extraña caricia de tu voz

se vuelve humo y profunda tristeza

en las marchitas constelaciones de hematomas

que se vuelven marca y estigma.

 

Nekromantik