miércoles, 6 de mayo de 2026

EROE

 



EROE

 

Dime, ensangrentada musa,

cómo es que mi piel se pudre,

cómo los huesos se han quebrado,

cómo mi alma ha envejecido.

Permite a la enloquecida pitia

que grite desde mi interior,

en la caverna reservada a los profetas

y a los muertos que hablan

con sus bocas de serpiente,

de animal milenario.

Su dedo, rama de árbol seco desde hace siglos,

es lengua,

             se humedece con saliva de coyote,

entra, entra, por el orificio que ha dejado el cuchillo,

se hace ruido entre los ruidos

ruido de los ruidos es el sonido

no es palabra…

            es visión.

Solo, en la oscura noche uterina,

el feto reposa en la mano eterna de Dios,

el movimiento es pulsión expansiva

que invade con su ritmo el vacío,

es una espiral que traga

consume en su savia la leche de la tierra,

mata para ser, para vivir.

            Y de la noche se hizo luz,

el espejo de las cosas lanzó su reflejo,

los ojos se hicieron carne y sol.

¡No matarás! Dijo el viejo,

el que es muerte esencial,

y el hombre se hace vida.

            Bebe las aguas de los manantiales

sin saber que se filtran del limo negro

donde los gusanos y los insectos

viven de su eterno ciclo mortal.

            ¿Hay cosa más terrible

que la ilusión que se hace verdad?

No hay atrevimiento,

nadie desgarra la cornea

porque nadie sabe que hay cornea.

            ¿Quién sino el que ha sido maldecido

por ver de frente a sus propios ojos,

descarnados, ya sin visión,

puede regresar a la noche?

Solo el que sabe que el líquido carmesí

que rebosa el cáliz,

es destino, es principio y fundamento,

y se atreve a beberlo,

a delectarlo como miel excrementicia.

Solo aquel que cumple su destino

sabe que el ser es asesino

que matar es el acto puro

originario,

el que sabe asesinar es eros y eroe,

su voz oculta, muy profunda,

no escuchamos, pero nos dirige

hacia el mismo vacío del que surgimos.

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