EROE
Dime, ensangrentada musa,
cómo es que mi piel se pudre,
cómo los huesos se han quebrado,
cómo mi alma ha envejecido.
Permite a la enloquecida pitia
que grite desde mi interior,
en la caverna reservada a los profetas
y a los muertos que hablan
con sus bocas de serpiente,
de animal milenario.
Su dedo, rama de árbol seco desde hace siglos,
es lengua,
se humedece con saliva de coyote,
entra, entra, por el orificio que ha dejado el
cuchillo,
se hace ruido entre los ruidos
ruido de los ruidos es el sonido
no es palabra…
es
visión.
Solo, en la oscura noche uterina,
el feto reposa en la mano eterna de Dios,
el movimiento es pulsión expansiva
que invade con su ritmo el vacío,
es una espiral que traga
consume en su savia la leche de la tierra,
mata para ser, para vivir.
Y de
la noche se hizo luz,
el espejo de las cosas lanzó su reflejo,
los ojos se hicieron carne y sol.
¡No matarás! Dijo el viejo,
el que es muerte esencial,
y el hombre se hace vida.
Bebe
las aguas de los manantiales
sin saber que se filtran del limo negro
donde los gusanos y los insectos
viven de su eterno ciclo mortal.
¿Hay
cosa más terrible
que la ilusión que se hace verdad?
No hay atrevimiento,
nadie desgarra la cornea
porque nadie sabe que hay cornea.
¿Quién
sino el que ha sido maldecido
por ver de frente a sus propios ojos,
descarnados, ya sin visión,
puede regresar a la noche?
Solo el que sabe que el líquido carmesí
que rebosa el cáliz,
es destino, es principio y fundamento,
y se atreve a beberlo,
a delectarlo como miel excrementicia.
Solo aquel que cumple su destino
sabe que el ser es asesino
que matar es el acto puro
originario,
el que sabe asesinar es eros y eroe,
su voz oculta, muy profunda,
no escuchamos, pero nos dirige
hacia el mismo vacío del que surgimos.

