jueves, 26 de marzo de 2026

SILENCIO


SILENCIO

 

Hay momentos de mi vida donde se detienen el pulso y el pensamiento. En ellos, me he sorprendido atisbando en lo más profundo de mi ser, en aquellas regiones de mi espíritu que creí haber dejado atrás. Solo en ese instante, que se vive como una eternidad, es donde puedo volver hacia las formas originarias que se mantienen escondidas bajo las fuerzas que imponen una forma de ser y sentir lo que llamo el mundo. Este se arma como una especie de laberinto intrincado donde los meandros de mi ser se proyectan a partir de las formas estructurales de un lenguaje que debo mantener en el orden de lo común para poder seguir siendo. Palabras y palabras solo cobran sentido cuando son pronunciadas en este mundo para y por otros, para hilar la realidad en la maraña de sentidos que hacen que las cosas sean cosas. Pero en ese apartado rincón oscuro de mi ser el silencio es la fuerza única, la potencia que ha aniquilado las formas ilusorias de lo real y las regresa a las formas simples. El silencio se muestra, entonces, como el fondo donde se pierde todo sentido, el pulso y el pensamiento, en una matriz vacía que contiene todo, absolutamente todo lo que puede decirse. El silencio guarda en sí la única palabra, de la cual, por emanación, surgen todas las otras palabras; en el silencio contemplo que yo soy la palabra y las palabras. Pero es necesario callar: solo hay que ver el silencio en el vacío simple de las cosas, en las flores muertas, en los cadáveres no sepultados, en la tierra negra y húmeda, en lo simple. Viendo en este vacío, en mi vacío, escucho el silencio… y callo. 


 

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